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penemaker. El blog del amor y el freak, quizás, nada es inmutable

Me di cuenta

Por casualidades de la vida, me acabo de dar cuenta que acaba de hacer tres años que puse en marcha este blog. Exactamente, tres años y tres días.

Si soy sincero, y siempre lo soy ante este papel en blanco, debo decir que la idea original de este sitio no era lo que finalmente ha acabado siendo.

En ningún momento pretendí escribir aquí pedazos de mi vida. Quería dar una visión diferente de aquello que me apasiona (cine, literatura...), y me he dado cuenta de una cosa. Si que escribo aquí de lo que más me apasiona. Me he fijado que mi gran pasión en la vida es mi propia vida.

He acabado hablando de mi, de mi gente, de mi visión del mundo y de mi mundo. Es curioso que este blog de nombre chapucero y color insoportable se ha abocado convirtiéndose en un pedazo de mi. Ha terminado siendo testigo de mis tres últimos años de vida. Testigo directo, sin vendas, cortinas ni tapujos. Testigo descarnado.

Y es curioso que este blog haya terminado siendo testigo de mi mismo estos tres últimos años. Y esto lo digo porque creo que este tiempo ha sido y es el más azaroso de mi vida. Me ha pasado de todo, sobretodo en el terreno emocional. Y he tenido este pequeño rincón que muy pocos conoce para compartir una etapa tan difícil como bonita de mi existencia.

No tengo mucho más que añadir, la verdad. Simplemente expongo un hecho que me ha llamado la atención. Una curiosidad. Penemaker se ha convertido en parte de mi vida. De hecho, Penemaker es yo mismo.

Esta es mi experiencia vital de los últimos tres años. Aquí queda memorizada y expuesta, por si le sirve de algo a alguien. Tanto como inspiración como para reir. Tanto si es útil para saber que no hacer como si es para moverse en las procelosas aguas del devenir vital, este es mi blog. Este soy yo.

Y este hueco que nació para hablar de temas más prosaicos, se ha convertido en un apéndice donde expongo una parte de mi alma que quiero y necesito compartir con el mundo.

Bienvenidos a mi mundo...

Las olas

Siempre he pensado que somos surfistas. Nuestra vida pasa con nosotros en bañador, con una tabla de surf, sentados en la playa, mirando al mar.

Mientras, miramos al mar, observamos las olas pasar. Unas más altas. Otras más bajas.

Alguien ahora se podrá preguntas ¿qué coño haces toda tu vida sentado en una playa mirando las olas?

Digamos que en la vida real, tu no estás parado por el simple hecho de imaginarte sentado en una playa con una tabla de surf. Eso es sinónimo de vida cotidiana. Trabajo, sueño, comida, cena, ducha... Lo que viene siendo la rutina.

La rutina no tiene por que ser sinónimo de aburrimiento. No la mires en su sentido peyorativo. O si. Eso depende de la vida de cada uno.

El caso es que todos tenemos una vida más o menos rutinaria. Trabajamos o estamos en paro. Vivimos solos o en pareja. Salimos más o menos...

Pero a veces, como buenos surfistas que somos, queremos subirnos a una ola. Pero no sirve cualquier ola. Tiene que ser la ola. La ola que está hecha para nosotros. En cuanto la vemos, sabemos que es nuestra. Que la vamos a surfear. Una ola que nos va a hacer felices mientras estemos sobre ella. Dentro de ella. E incluso bajo ella. Y durante un tiempo, lo que dure esa ola, vamos a ser un remanso de paz, felicidad, seguridad, amor...

Yo personalmente, he surfeado esta ola en diferentes ocasiones. La he disfrutado mucho. La he vivido como un loco. Una ola maravillosa, que me hace sentir bien, seguro, confiado y encantado de vivir una vida tan dura.

Eso si, en los últimos meses he descubierto una cosa. Hasta ahora, siempre había pensado que elegíamos nosotros, mejor o peor, las olas en que subri. Hoy se que a veces estas olas nos eligen a nosotros. ¿Por qué? ¿Cómo? Esa información la desconozco, pero se que es así.

Y estas olas son totalmente diferentes. Esa seguridad que tienes cuando vas sobre la tuya, aquí se pierde. Esa confianza, ese sentimiento de saber que te puedes comer el mundo sobre tu ola, y que nadie te podrá bajar de ella, se desvanece por completo.

De repente, estás en una ola extraña, que a ratos parece hecha para tí, y lo disfrutas como un loco. Pero a ratos, te hace sentir inseguridad, desasosiego... sientes una fuerte incapacidad por descubrir si esa es tu ola o no. A ratos, ni siquiera sabes qué haces sobre ella. En otros momentos, te sientes el rey del mundo porque has domado una ola que no parece estar hecha para tí.

Sea como fuere, si una ola te elige, no la debes dejar pasar. Si sientes desasosiego, supéralo. Si sientes miedo, anteponte a él. Si te sientes inseguro, olvídalo. La naturaleza sabe lo que hace. Si esa ola te ha elegido... si una extraña fuerza superior a ti te ha hecho subir a ella... Si no estás seguro, pero algo en tí te dice que estás donde tienes que estar... No te eches atrás. Déjate llevar. Disfrútala.

Tendrá sus cosas negativas y positivas, pero es donde tienes que estar. A ratos, te sentirás bien y a ratos mal. En momentos pensarás que haces ahí, y en otros pensarás que no quieres estar en otro sitio.

Y poco a poco, te vas dando cuenta que lo positivo empieza a superar a lo negativo. Poco a poco te empiezas a sentir como en casa. Casi como si la hubieras elegido tú. Poco a poco observas que no querrías estar subido a otra ola.

Es duro subir a una ola que a priori no parece la tuya. Pero el premio merece la pena. Si una ola te elige, déjala. ella sabe más que tú. Si dice que tienes que estar ahí, ahí es donde tienes que estar.

Animaladas

¿Cómo se puede ser tan cobarde? ¿Cómo se puede tener un corazón tan roto? ¿Cómo puedes tener el alma tan castigada? ¿Cómo puede ser que tu espíritu se empobrezca hasta la indigencia? Y, sobretodo, ¿cómo puede entrar en tu vida alguien tan sincero, que sólo te pide amor y cariño, y permitir que se vaya, e incluso echarle?

Alguien que sólo necesita que le quieran y mimen. Alguien que no se esconde. Alguien sin barreras aparentes. Alguien que te da más en dos semanas que mucha gente en dos lustros. Alguien con luz propia. Alguien que sabes que va a llenar todos los poros de tu piel. Alguien que surje del amor más sincero.

¿Cómo se puede tener el corazón tan roto, hasta el punto de levantar barreras de cobardía en torno a él?

¿No brilla hoy el sol más que nunca?

Una vez escuché a alguien decir que hay pájaros tan bellos, que no han nacido para ser enjaulados.

Eso me hizo pensar en la gente que he conocido y conozco. Eso me hizo pensar en mi mismo. Y eso me hizo pensar en aquellos por algún motivo, brillan más en el firmamento que otros.

Me hizo ver que hay corazones tan salvajes, que no han nacido para ser domados.

Me hizo ver que hay almas tan libres, que no han nacido para ser atrapadas.

Me hizo ver que hay estrellas tan brillantes, que nadie podrá nunca apagar su luz.

Esa gente está entre nosotros. Se pasean por nuestro lado. No es fácil detectarles. No siempre es sencillo verles. Muchas veces, tampoco se dejan observar.

Si tú, que estás leyendo esto, encuentras algún día un espíritu así, jamás intentes alcanzarlo. Nunca trates de atraparlo. Ni siquiera comprenderlo.

Ámale si te place, y te pedirá todo lo que tengas en el alma. Quiérele con todo tu ser. Pero nunca, nunca, nunca, trates de enjaular a un pájaro tan bello, que no ha nacido para ello. No permitas nunca que un alma bella se marchite en una jaula, aunque sea de cristal.

Cielo de invierno en verano

El miedo. Que sentimiento, sensación, o lo que sea tan terrible. Que desasosiego se puede llegar a sentir. 

El miedo puede llegar a ser tan horrible como para no dejarte vivir. 

El miedo te hace ser cobarde.

El miedo te impide distinguir el bien del mal. lo bello de lo feo. Lo hace todo más confuso.

El miedo te hace infeliz.

El miedo te paraliza. Te impide avanzar. Te castiga.

El mundo es un lugar implacable. El mundo es insaciable. Nosotros somos pequeñas motas en un universo que nos absorbe sin piedad. Pero no podemos tener miedo. No podemos vivir con miedo. El miedo no te puede vencer miserablemente.

Es posible que sintamos miedo al futuro o al pasado. A nosotros. A vosotros. Mirarse las entrañas y ver aquello que no te gusta dentro de ti puede ser aterrador. Y aún así, no se debe vivir con miedo.

Déjate mecer en las dulces manos del viento que balancea tu corazón. No temas. Él no te va a mentir. No tengas miedo.

¿Nunca se puede saber nada?

Que curioso puede llegar a ser este mundo. Cuando crees que todo va bien, que estás en condiciones de decir "estoy inspirado", resulta que si, pero no.

Vivimos en sociedad. Una sociedad que sigue y acata unas normas. Unas normas no siempre justas, pero que al fin y al cabo, acatamos.

Y yo pienso "¿por qué no me rebelo?" Contínuamente meto la pata, digo lo que no debería y hago el canelo. Contínuamente me encuentro con los pies en charcos y jardines de los que no siempre es fácil salir. Y sigo pensando, "¿por qué no me largo y lo dejo ya?"

La verdad es que no se si lo quiero dejar. Ahí hay una contradicción que apuñala el alma. Para mi, esta vida a veces estresante e incomprendida, me puede llegar a atrapar.

Es como una droga. Una droga que me está matando. Una droga que me crea adicción cuando no la tengo, lo que me hace sufrir. Una droga que me hace feliz cuando me la chuto. Es una vida muy puta.

La odias y la amas. Sufres y gozas. Pero, ante todo, la vives. Con sus claros, pocos pero bellos, y sus oscuros, muchos y temibles. Pero al final, no puedes vivir sin ella. Es una puta droga. Paradójicamente, no puedo vivir sin ella.

Y esos charcos y jardines de los que hablaba más arriba, esos en los que entras fácilmente y a duras penas puedes salir... Esos... en el fondo hasta puede resultar divertido entrar... Y no menos divertido resulta el reto de salir.

Es, como dice una máquina de matar y amar... "la vida"

¡Sin novedad en el frente, mi señor!

Comienza un nuevo año. Como siempre, los tópicos se abalanzan sobre nosotros. Dejar de fumar, perder peso, aprender idiomas, viajar... Año nuevo, vida nueva. Nuevos propósitos para el nuevo año. Toda una serie de gilipolleces que año tras año tenemos que escuchar en radios, televisiones, amigos o familiares.

Para mi, sin embargo, todo sigue igual. Bueno, igual no. Cada día me encuentro mejor. Estoy viviendo una época cojonuda. Tras estar encerrado en un bucle durante cierto tiempo, el ser humano, en este caso yo, comienza a encontrar la salida del laberíntico sentido de la vida. En un tiempo, nuevas preguntas me asaltarán y me volverán a introducir ese palo hiriviendo de las respuestas inconclusas. Pero hoy, enero del año 2012, este que suscribe encuentra seguridad en la vida. Ve oportunidades donde todo el mundo observa crisis. Vive la vida disfrutando de ella, y no sufriéndola. Hoy es un día cojonudo, casi tanto como cualquier otro.

¿Por qué digo esto? porque si el mundo acabase mañana, yo moriría con una sonrisa en la boca. No se si por haber sido feliz, pero si por haberlo intentado. Y en muchos momentos, me he quedado cerca. Eso es vivir la vida, y 2012 se presenta como un año cojonudo.

Haz nuevos propósitos si eso te da seguridad o ilusión, pero, ante todo, vive la vida. Es muy jodida, pero tiene sus momentos. Y eso merece la pena.

Recuerda, si piensas siempre en el mañana, un día, cuando mires hacia atrás, verás que todo ha sido una farsa, una mentira. Hoy es lo que vives. Ayer escribiste tu presente, y hoy estás escribiendo tu mañana. No lo olvides nunca. Pero hoy, siempre será hoy.

Necio

Tengo esto un poco parado. En el último mes, tengo una necesidad imperiosa de hablar, pero no soy capaz de encontrar que es lo que realmente quiero decir.

De hecho, ahora, en este mismo momento, escribo esto sin saber muy bien que es lo que quierdo decir. Tan solo presiono teclas mientras pienso, mientras mantengo la esperanza de que se me ocurra algo interesante... bueno, tal vez no es interesante la palabra... algo, sólo algo que realmente quiera decir. Pero no se me ocurre nada.

Hay una máxima en mi vida. Para mi, perder el tiempo cuando no se quiere perder, es intolerable. Y ahora, si has cometido la imprudencia de pararte a leer esto, te estoy haciendo gastar minutos de tu existencia miserablemente, y eso es algo que no deseo hacer.

Dicho esto, y como soy consecuente de lo que vale tu tiempo que has malgastado por mi culpa, paro en este mismo instante de escribir

¿Qué me estás contando?

¿Cúal es nuestro verdadero patrimonio? ¿Qué y quiénes somos realmente? 

Continuamente me hago estas preguntas. Generalmente, la respuesta, suele ser la misma. Soy quien soy, soy como soy, y el único patrimonio que tengo soy yo mismo.

No valgo lo que tengo porque no tengo nada. Nunca nadie heredará nada de mi. Sin embargo, creo que siendo como soy, puedo legar mucho a los demás. Y ese mucho es un pedazo de mi. Algo de mi ser, mi alma, mi vida y mis conocimientos. Algo que no se toca, no se compra ni se vende, no se puede palpar. Algo intangible que sólo disfrutará aquel que realmente quiera hacerlo. 

Algo que podemos llamar alma. Y es que cuando alguien toca tu alma, te roba un trozo para siempre. Y ese legado, intangible, intocable, inmutable... bello y precioso, inigualable... ese legado te hace único. Dos personas unidas por lo más profundo y personal, por algo inexplicable, profundo. Cuando conectas con alguien más allá del propio entendimiento, se produce una experiencia única e irrepetible.

Esa es nuestra verdadera esencia. No son las propiedades, el dinero, la opulencia o las relaciones inproducitvas. Nuestro ser se alimenta de otros seres. Nuestra conciencia disfruta compartiendo conocimientos, vivencias y anécdotas. Nosotros somos lo importante. Nuestro ser físico e inmortal. Nunca nuestras pertenencias.

Nuestro verdadero patrimonio somos nosotros mismos. Y quien no lo vea, está ciego.

Mutando

En los últimos meses estoy notando ciertos cambios. Siento como mi otrora preclara capacidad para acercarme a la felicidad es hoy por hoy un lejano sueño. Noto como mi mente se nubla y se aleja de aquellos buenos sentimientos de los que se que soy capaz hacia los demás. 

Ahora, empiezo a despertar de un extraño sueño. Comienzo a vislumbrar una realidad que me aterra. 

Veo y observo como me toca moverme en un mundo que comprendo, pero no quiero hacerlo. Un mundo que me obliga a manejarme entre la miseria, el individualismo, la insolidaridad y el tonto el último. Un mundo competitivo hasta la muerte. Un mundo donde sólo los duros y despiadados avanzan, mientras los demás sobreviven a malas penas.

He heredado un mundo de mierda, lleno de gente de mierda, repleto de excrementos sociales. Y entre ellos charlan, se asocian, se premian y se dan palmaditas en la espalda. Resulta tan demencial como vomitivo.

Vivo en un lugar ajeno, lejano, frío, terrorífico y solitario. Sufro una realidad que en ocasiones me supera. Una realidad que me obliga a mantenerme alerta en todo momento. Una realidad que no me permite bajar las defensas. Una realidad que no comprende nada que le resulte extraño, y tampoco quiere hacerlo.

Es cierto que ocasionalmente se pueden encontrar pequeños faros. Ínsulas luminosas que te muestran cierto grado de esperanza entre tanto excremento. Pero no es menos cierto que estas pequeñas islas de ilusión se pierden entre la ingente cantidad de fango que nos rodea.

En fin, así es como veo yo el mundo últimamente. No soy un cobarde, voy a seguir adelante pese a quien pese. Pero que nadie espere que este montón de mierda me tenga que gustar. Y, por supuesto, que nadie espere que me vaya a quedar de brazos cruzados mientras observo y sufro el barrizal que le estamos dejando a nuestros hijos.

La televisión autonómica de Murcia agoniza

Este es mi pequeño granito de arena, compañeros.

Trabajo desde hace más de cinco años en una televisión autonómica, la murciana, mal gestionada. Pese a todos los esfuerzos por parte de su plantilla por hacer las cosas bien, jamás se nos ha escuchado. Hemos sido una herramienta entre muchas otras para conseguir un fin, pero jamás se nos ha tratado como parte de esta empresa. Éramos y somos una serie de números, unos peones utilizados para el logro de un fin mayor, el enriquecimiento y la manipulación de unos pocos a costa de unos muchos.

Desde la plantilla de trabajadores de GTM Televisión, la empresa concesionaria de la otrora suculenta asignación monetaria de la gestión de la televisión autonómica murciana, se ha tratado de denunciar por activa y por pasiva la manipulación y mala praxis a la que una y otra vez estábamos sometidos. Y no ha sido ahora, cuando se le han visto las orejas al lobo, es desde hace años que esto está sucediendo, y se está denunciado. El problema real es que pocos oídos han querido escuchar tal cosa.

Ahora, cuando la gallina de los huevos de oro está agonizante, y poco queda ya por esquilmar aquí, los trabajadores, las más que trescientas personas que comemos y vivimos de esto, las familias que sobrevivimos gracias a este trabajo mileurista, estamos de más.

Ya no hay dinero en el mercado. La comunidad apenas puede pagar, y el empresario no tiene beneficio. Es el momento propicio para usar al trabajador como moneda de cambio. Es la situación ideal para utilizarnos como peones en una partida de ajedrez. "Si no me pagas, despediré a trabajadores", dicen unos. "No me dan miedo tus amenazas", dicen otros.

Y enmedio estamos nosotros. Personas que vivimos de esto. Profesionales que nos hemos formado durante años y que llevamos un lustro dando lo mejor de nosotros por un sueldo de mil euros para hacer viable y real este proyecto.

Nunca se ha contado con nosotros para nada. No opinamos ni aportamos en las decisiones. El tipo de programas o películas que ofrece 7RM, su oferta como televisión de servicio público no es culpa nuestra. De hecho, hemos dicho por activa y por pasiva que no es así como este medio debería ser.

Poca gente sabe como es esto por dentro. Pocos conocen la opacidad a la que hemos sido sometidos una y otra vez. Y lo que es peor, cuando esto se ha puesto sobre la mesa, muy pocos son los que han querido escuchar. Se nos ha querido silenciar siempre.

Estamos solos, compañeros. Ni una sola administración da un duro por nosotros. Cuando todo era dinero y jolgorio, éramos poca cosa, y ahora que todo es austeridad y recorte, no somos nada. Nadie nos quiere escuchar. Nadie se hará cargo de nosotros. Sabemos que todos nuestros jefes hacen oídos sordos ante aquella frase de "las mujeres y los niños primero". No quiero parecer machista, simplemente trato de constatar que ahora, los débiles seremos los primeros en caer. Ellos y los suyos aguantarán en la nave hasta que ya no quede un sólo euro que llevarse a la boca.

Pero no cuentan con un pequeño detalle. Cuando estoy en mi puesto de trabajo y miro a mi alrededor, veo gente. Gente trabajadora. Veo a mis compañeros. La televisión se hace en equipo. Es como una cadena, repleta de eslabones, en la que no puede tener puntos débiles, pues todo se viene abajo. Y así es como debemos ser nosotros ahora, en este momento de miedo y desasosiego. Debemos ser como una cadena sin puntos débiles. Cada eslabón debe sujetar al que tiene a su izquierda y a su derecha. No debemos desfallecer. Es el momento de hacer lo que llevamos toda la vida haciendo, trabajar en equipo. Ser todos como uno solo. Hacernos oir por aquellos que nunca quisieron hacerlo. Alzar la voz. Decirles a estos señores millonarios que nuestros hijos y familias no dejarán de comer un sólo día por su ineficacia y mala praxis.

Y esto que digo para mis compañeros, es tan válido en mi empresa como en cualquier otra. El momento del tanto tienes tanto vales debe acabar. Ahora, tiene que ser el momento de las personas. De las buenas personas, que aún quedan en este mundo. Debe ser el momento de hacernos escuchar. El momento en que nuestras voces atronen los oídos entumecidos de los poderosos.

Compañero, hazte oír.

Y yo me pregunto

A veces me pregunto, ¿y ahora qué? Si no te ves en un buen momento, y deseas salir de él, pero no sabes cómo, me lo pregunto.

Si estás en un buen momento, te sientes brillar, resplandecer, vas sobrado, y de repente las cosas dejan de estar claras, también me lo pregunto.

Si no estás inspirado, te ves en un túnel sin salida y no encuentras la dirección y la fuerza para avanzar, es otra pregunta con muchas posibilidades.

Si estás en ese proceso de autocomplacencia o autodestrucción, y no eres capaz de ver más allá, tampoco es mala idea hacerse esa pregunta.

¿y ahora qué? pues no lo se. La verdad es que me cuesta que salgan las palabras. Ahora, no se que va a pasar. Si lo supiese, estaría encantado de contarlo, pero la verdad es que no tengo ni idea. ¿Ahora qué? pues ahora, avanzaremos como buenamente podamos, y veremos a ver que pasa.

De todas formas, aunque la pregunta es importante, el conjunto está incompleto sin la respuesta. Y, si bien es cierto que con cada respuesta surjen más preguntas, no es menos acertado pensar que siempre encontramos alguna que otra solución. Párate a pensar por un momento en ese instante en que descubres una respuesta. Es cierto que se abalanzan más preguntas, pero no es menos cierto que has encontrado una de las respuestas.

Es decir, que si hay muchas preguntas por responder, y pocas respuestas, si hay que reconocer hay respuestas... no tenemos todas las que nos gustaría saber, pero haberlas, haylas.

Ante los malos momentos, ante las malas preguntas, ante los interrogantes incómodos, ante la falta de respuestas, creo que no debemos desesperar, sólo tener algo de paciencia, aceptar lo que vamos sabiendo, y no quedarnos hay, no ser conformistas... Paciencia e inconformismo pueden parecer antagónicas, pero si nosotros somos capaces, son perfectamente compatibles.

Y habrá quien se pregunte, ¿toda esta disertación, para qué? pues no lo se, pero cuando de con la respuesta, lo diré. Y también diré todas las preguntas que esa respuesta conlleve.

Y antes de irme, una cosa más. Hay que buscar la inspiración. Se vive mejor. Se es más alegre estando inspirado. Es necesario buscarla... en las cosas, las personas, los paisajes... Si algo me ha enseñado esta vida, es que es básica la inspiración. Las cosas salen mejor. Todo es más nítido si estás inspirado. Encuentras más respuestas, y las preguntas son más claras, concisas y talentosas. Es una búsqueda constante. A veces viene, a veces se va, pero siempre está ahí. Sólo hay que buscarla, aceptarla y vivirla mientras dure... ¿dónde estará la mía? no lo se, pero me huele en la nariz que cerca, y la voy a encontrar... seguro.

para la libertad

¿Qué hay que hacer hoy por hoy para poder decir lo que piensas? Vivo en un mundo en el que decir lo que piensas, según lo que pienses, claro está, suele ser objeto de polémica o confusión.

Vivo en un mundo que no me deja expresarme con claridad porque no me entiende.

Vivo en un mundo que no me permite ser quien soy porque no quiere saber como soy.

Vivo en un mundo que desaprueba mi conducta porque no la entiende. Tampoco hace nada por entenderla.

Vivo en un mundo que no es el mío. Vivo en un mundo ajeno.

Vivo en el mundo que otros han creado para mi y los míos, pero es un mundo que no me gusta. Es un mundo en el que no quiero vivir. Es un mundo que no me da oportunidades de ser quien soy.

Vivo en un mundo que no me entiende. Tampoco me quiere entender. 

Vivo en un mundo que no hace nada por conocerme. Solo quiere que sea como él quiere que sea.

Vivo en un mundo difícil, lejano, casi desconocido. Es un mundo que no es el mío. Es un mundo donde no encuentro gente como yo. Es un mundo competitivo, individualista, acomplejado, hipócrita... es un mundo de mierda... y aún así, de vez en cuando, y sólo de vez en cuando, encuentro pequeñas islas donde descansar. Ínfulas de serenidad y comprensión... duran poco, pero ahí están... y yo se lo agradezco

pedazos

Cuando pienso en la cantidad de trozos de mi alma que he dejado por el camino, me entra cierto estado de ansiedad y desasosiego.

Es decir, cada persona que conozco y me cae bien, cada ser que aprecio, cada cual al que considero amigo, cada amiga o amante con la que he estado... cada uno de ellos tiene un trozo de mi alma, de mi ser, de mi existencia. Eso es mucho.

No quiero ser hipócrita, me siento orgulloso, pues pienso que cada segundo, minuto, hora o día que he pasado con aquellas personas a las que tengo en cosideración, merece la pena. Amo cada recuerdo que tengo de cada uno de ellos, me llena de satisfacción.

Ahora bien, pensando en mi mismo, en plan egoísta, ¿qué me queda a mi? Bueno, realmente, tampoco he dado tanto, y lo que he entregado, lo he hecho por propia convicción, por necesidad o incluso por el simple placer de dar sin esperar nada a cambio.

Hay partes de mi esparcidas por muchos sitios, y me siento orgulloso de ello. Me siento honrado por toda esa gente que ha querido ver más allá de mi carcasa y ha disfrutado cada momento que le he podido otorgar.

Soy egoísta, pues dando me siento bien, por eso doy. Doy por puro egoísmo, por que eso me hace feliz, me hace sentirme mejor conmigo mismo. Es curioso ser egoísta siendo generoso. No se, hay gente para todo. Cada uno es como es.

Pero, después de todo, no dejo de pensar en todos los pedazos de mi alma que he dejado por el camino. Todo lo prestado, todo lo dado, todo lo entregado.

Yo doy sin esperar nada a cambio. Cada persona que traspasa la barrera y se enfrenta a mi, se queda con algo de mi esencia, de mi ser. Algo que yo le doy por su valentía y generosidad. Algo de lo que cada día me queda menos. Algo de lo que cada día quiero dar más. Es incongruente y sobrecogedoramente contradictorio. Pero es algo que me identifica como individuo y ser humano.

En el fondo, siempre estoy mandando el mismo mensaje. Traspasa la barrera. Conóceme. No te quedes en la superficie. Entra. Pasa. Déjame que te enseñe mi verdadera esencia. Llévate un pedazo de mi ser. Estoy deseando dártelo.

Ya casi nadie quiere entrar. Yo no lo pongo fácil, pero somos demasiado superficiales, nos quedamos siempre en lo anecdótico, y nos cuesta ver la parte analítica. Buscamos lo sencillo, lo básico, lo fácilmente interpretable. Nunca vamos más allá. Nunca pensamos en las motivaciones de nuestros vecinos. ¿qué les hacer ser así? ¿qué les mueve? ¿cuál es el motor de su vida?

 a mi me encanta hacer sentir a  alguien el centro del universo. Conseguir que cada segundo sea eterno. Disfrutar de cada momento. Hacer de lo rutinario algo mágico. Eso no es fácil, pero a ratos, somos capaces de conseguirlo. Sólo hay que mirarse dentro, y dejarse llevar. Pero hay que buscar, hay que escarbar, no se puede pretender ser feliz sin trabajo y esfuerzo. Hay que saber llegar a la gente. Buscarle. Y dejarse buscar.

Al fin y al cabo, somos comos somos.

Rumbos

A veces me paro a pensar: ¿realmente hago lo que quiero? ¿es esta la vida que elijo? ¿he escogido yo estos amigos? ¿tengo el trabajo que quiero? ¿me comporto como realmente soy?

A veces, cuando nos falta inspiración para vivir, todo se vuelve muy complejo. Lo que ayer era una rutina sencilla y agradable, hoy se convierte en una insoportable espera.

Hoy por hoy es un lujo tener un trabajo. Es de muy afortunados tener buenos trabajos. Pero, ¿realmente hacemos lo que queremos? ¿Pasamos una cantidad ingente de horas haciendo aquello para lo que nos hemos formado y realmente es lo que nos hace disfrutar?

La vida es muy corta, y hay que tratar de aprovecharla, pero, por desgracia, hemos creado un mundo que nos dificulta enormemente estas posibilidades. Es más, ni siquiera nos han educado en el discurso del saber aprovechar los días que tenemos. Nuestra formación se cimenta en el trabajo, la responsabilidad, la buena educación... pero  ¿dónde nos deja eso a nosotros? ¿qué hay de ese pequeño ser, esa conciencia que lucha por salir y hacernos libres? ¿por qué hemos creado un mundo lleno de reglas que nos convierte en gente infeliz que quiere parecer lo contrario? 

Nos conformamos con aquello que la sociedad dice que nos debemos conformar. Coche, casa, matrimonio, hijos, familia. Vivimos esa vida supuestamente segura para la que hemos sido educados y formados, y decimos que eso es felicidad.

Yo, realmente no se si soy feliz, pero si se que trato de serlo. Lo que si que tengo claro, es que últimamente no estoy muy inspirado.

Desenganchaos

Desde hace un par de días me pregunto sin parar: ¿se puede estar enganchado a algo que te hace daño?

Yo flipo conmigo mismo y con los seres humanos en general. Hay cantidad de cosas que nos hacen daño, nos joden, no nos dejan dormir. Lo sabemos, lo tenemos claro. Es como meter el dedo en un enchufe, no se debe hacer, puede ser jodido, lo has probado y duele, pero si estás decidido a repetir y meterte la descarga, lo haces, pase lo que pase y pese a quien pese.

Yo estoy enganchado a una serie de sensaciones, sentimientos y actividades que provocan un cierto placer inicial para acabar dolido, escaldado y jodido. Y no me puedo quitar. Una y otra vez acabo ahí, tocando las pelotas y provocando que me las toquen. Por mucho que sepa lo que va a pasar, no puedo evitarlo. Y lo que es peor, no quiero. 

Debo admitir que cuando estoy decidido, no me para nadie. Se que me van a joder. Se que me voy a joder, pero oye, esa sensación de hacer lo que quieres, cuando quieres, y como quieres, y que te importen una mierda las consecuencias... Esa sensación de libertad, de amor, de sensibilidad, de estar donde tienes que estar en el momento adecuado... Eso es impagable.

Aquí y ahora

Últimamente me digo una y otra vez: sólo tenemos una vida, así que disfrútala.

Yo he tenido momentos de mi vida en los que he sido feliz. Nada ni nadie podía pararme. Emanaba una aura de seguridad que impregnaba a los demás. Tenía las cosas muy claras.

Esos breves momentos van y vienen. Es difícil retenerlos, pero siempre podemos aspirar a volver a vivirlos. No es imposible. De hecho, creo que es un plan bastante bueno el ir a buscar trozos de felicidad y disfrutarlos mientras duren como si no existiese otra cosa en el mundo.

Yo hoy no se exactamente donde estoy. A cada respuesta que encuentro, recibo más preguntas. Mis momentos felices son cada vez más breves y etéreos. Pero existen. Siempre están ahí, esperando que les cojamos, pero no tiene por que ser sencillo verlos.

Hay muchas cosas que no tengo claras. Mi vida está algo revuelta. Pero todas las mañanas, cuando me levanto, me digo a mi mismo: sólo tenemos una vida, así que disfrútala.

Por eso, aunque no lo parezca, vivo cada día como si fuera el último, por que sólo tenemos una vida, y hoy puede ser el último día de ella. Así que, disfrútala.

Trozos del alma

A veces me paro a pensar en la cantidad de trozos de mi que he ido dejando por el camino.

A mis grandes amores les he dejado trozos de mi corazón que se que ya nunca voy a recuperar. Tienen un pedazo de mi que ya irá con ellas para siempre y yo nunca volveré a ver. 

A mi gente les he dejado un trozo de mi alma que lleva tanto tiempo con ellos que es más suya que mía.

¿Qué me queda a mi? He dado tanto corazón que ya casi me he quedado sin él, y las partes que quedan están tan oxidadas que raramente podrá alguien volver a penetrar en él. Está roto.

Mi alma empieza a estar tan repartida que ya no distingo entre las partes que me pertenecen y las que no.

A veces me paro a pensar que me queda. Que es mío y que no.

A veces me paro a pensar por qué he dado tanto.

A veces me paro a pensar si es cierto que he dado mucho, o he dado demasiado para lo que realmente siempre he querido dar.

A veces me paro a pensar... y mientras pienso, me doy cuenta de una cosa, estoy pensando. Y eso significa que estoy vivo, y que mi vida tiene mucha vida. 

Naves encalladas

¿Por qué tenemos contínuamente la necesidad imperiosa de amar y ser amados? ¿Qué nos empuja a volcar todo nuestro cariño en una persona? ¿El amor es únicamente hacia aquella gente que te importa más que tu mismo? ¿Cómo sabemos que estamos enamorados? ¿Cómo sabemos que no estamos enamorados? ¿Se puede amar todo? ¿seres humanos, animales, la vida, la soledad? ¿Qué es realmente ese motor tan poderoso capaz de mover a alguien hacia direcciones impensables? ¿Somos nosotros mismos cuando estamos enamorados? ¿Qué somos capaces de entregar a cambio de amar a alguien? ¿Es cierto que el amor duele? ¿Te puedes enamorar en minutos, horas, días, meses?...

Yo no tengo claro nada de esto. Se que hay gente que ha sido capaz de dar respuesta a muchas de estas preguntas. Algunas han acertado, otras creen que han acertado, y otras están dolorosamente lejanas de la realidad.

Y la realidad es que vivimos en un mar de dudas. Cada respuesta nos lleva a más preguntas. Y el amor es, posiblemente, la duda más grande que asola nuestras vidas.

AQUÍ Y ALLÁ

¿Por qué el ser humano tiene esa imperiosa necesidad de creer? Creemos en algo que hay más allá, en una persona, en un acto... Siempre estamos necesitando creer en aquello que nos haga sentir algo. Seguridad, pasión, dolor, amor, ternura... pero, ¿por qué?

Nunca he conocido demasiado los mecanismos por los que se mueve el alma humana. Nunca he sabido por que nuestra alma siente desasosiego y necesidad y se siente vacía si no cree en lo que sea que le motive o le haga sentir paz.

Yo, personalmente, no quiero pensar que algo tan complejo y complicado como el alma humana acabará criando malvas cuando mi cuerpo ya no funcione. Pero tampoco puedo creer en aquello que no veo, que no puedo tocar o sentir. Y es que más allá de la creencia está la fe. Otro término complicado en exceso que nos hace sentir por cosas, gentes o lo que sea que ni siquiera vemos o sabemos que existe.

No se por que creo, por que tengo fe, no se por que gasto tiempo de mi vida pensando en estas cosas, pero es algo que necesito casi como el comer.

Se en que creo. Se en que tengo fe. Se que mi alma es compleja. Y a veces pienso que para que quiero tanta fe, creencia y profundidad de miras en un mundo tan asqueroso como el que estamos creando y sufriendo.

Esto no va bien... algo estamos haciendo mal, y sólo lo vamos a ver cuando ya la hayamos cagado y no haya vuelta atrás...