Blogia

penemaker. El blog del amor y el freak, quizás, nada es inmutable

La vida de los planetas exteriores

La vida sigue caminando. Nunca había visto nada tan implacable. No se detiene un sólo segundo. No te puedes parar en ningún momento. Después de tantos años, después de tantas experiencias, después de tanto caminar, no te ofrece el más mínimo respiro. Es terrible.

Y el caso es que hay momentos memorables. Diversión. Amigos. Familia. Pero también hay soledad, individualismo, dolor, incomprensión. La vida te da lo mejor, para después arrebatártelo y darte lo peor. Es una broma pesada de dudoso gusto.

Y luego está el cansancio. Si te paras a descansar, igual no te vuelves a subir. Los trenes, las olas, lo momentos pasan, y si no los coges en ese instante, se van para siempre. La vida nunca se para. No te da respiro. No ofrece descanso. No ofrece paz ni reposo. La vida avanza de forma implacable, inexorable, y nosotros debemos decidir cuando correr, cuando andar, cuando gatear o esprintar. Lo que si que no podemos decidir es cuando queremos parar. Parar equivale a la muerte, y la muerte llega cuando llega. No es bueno provocarla, pues tiene mal humor y poco tiempo para bromas.

La vida es muy puta. Pero siempre podemos pagar por ella. Es ruín, pero válido. No obstante, el riesgo siempre está ahí cuando no pagas. Y el riesgo siempre merece la pena cuando sale bien. Y el orgullo que se siente cuando alguien se ha arriesgado y ha triunfado, compensa muchos sin sabores. No obstante, tampoco hay que arriesgarse continua y gratuitamente. Tengamos cabeza y corazón, y avancemos, a ver hacia donde nos lleva esta señora de vida alegre y triste realidad.

Tocando fondo

Te caes. A veces no lo puedes evitar. Simplemente caes.

Notas que te hundes. Al principio luchas por salir. Es como hundirte en el agua. Al principio chapoteas. Peleas por salir a flote y respirar. Después... después te relajas. Te agrada el sentimiento de libertad que te produce la caída. Te dejas llevar... te hundes. Caes.

De repente te das cuenta que necesitas dejarte llevar. Te caes y no te importa. Sólo caes.

¿Qué hay debajo? ¿Hacia dónde caes? ¿Qué o quién te está esperando? No lo sabes, sólo caes. Sólo sientes que te quieres dejar caer. Es un viaje duro, pero notas que lo estás disfrutando. Notas que te quieres dejar caer. Sientes alivio. Sientes que es lo que necesitas. Caer. Sólo caer. Caída libre. Sin pensar, sin agobiarte, relajado, en plena caída. Sin preocupaciones. Sólo caes libre. Libre de ataduras. Libre de toda preocupación. Caida.

Nada te preocupa. Sólo caes. No temes al dolor. No quieres saber que va a pasar mañana. Ni pasado. Solo quieres caer. No quieres llegar al final. Sólo sabes que quieres caer. Disfrutar de la caida. Del paisaje mientras caes. Solo caer en paz. En ese momento eres feliz. Mientras caes.

La parte negativa de esto es que la caída no es infinita. La felicidad es etérea. La parte positiva es que cuando tocas fondo, sólo puedes ir hacia arriba. Te vuelves a levantar. La parte positiva es que cuando estás arriba sólo puedes volver a caer. Volver a caer en libertad. Volver a caer sin miedo a lo que te espera al fondo. Sin miedo. Solo caes. Ya está.

Descentrado

Descentrado

¿Por qué nos cuesta tanto admitirnos como somos? A veces, parece que dedicamos nuestra vida a tratar de ser quien no somos. ¿Es porque queremos ser otra persona? ¿Es porque no nos gusta como somos? ¿Es porque nos dejamos llevar por nuestro entorno?

Si que tengo una cosa clara. Por más que queramos ser lo que no somos, siempre nos encontraremos con ese pertinaz muro que somos nosotros mismos.

¿Qué tiene de malo aceptarse a uno mismo como es? Podemos matizarnos. Podemos mejorar, también empeorar, pero siempre queda ese poso que somos nosotros mismos.

Hay algo que es invariable. Nuestro pasado, presente y futuro, nuestra herencia, educación, personalidad. Eso no cambia. Es algo que nos acompaña siempre. Es parte de nuestra alma. Somos nosotros, nos guste o no.

Somos lo que somos. Somos quienes somos. Matizados, adaptados, socializados... Al final, siempre queda nuestra esencia. Siempre quedamos nosotros. Y nosotros, nos guste o no, somos lo que somos y como somos.

El mundo que habitamos peligrosamente

El mundo que habitamos peligrosamente

Últimamente me ha dado por pensar más de la cuenta, y me he cabreado mucho. Me parece absolutamente increíble, viviendo la brutal crisis que vivimos, que haya gente que aproveche la situación y la coyuntura para enriquecerse enormemente. Y eso, aún a sabiendas que sus actos empobrecen a otros. A mi, personalmente, eso me enfada mucho.

Estamos creciendo y creando un mundo cada día más insolidario, competitivo y desmoralizador. Nos han comido el terreno. Nos tienen enfadados, enfrentados al vecino de enfrente y acojonados por si perdemos nuestro trabajo, derecho o privilegios. Eso también me enfada mucho.

No termino de entender como tres dominan a tres mil con mano de hierro. Nos callamos y tragamos por miedo mientras ellos hacen y deshacen. Nos meten en crisis de las que luego no saben o no quieren sacarnos. y ¿quién paga el pato? el de siempre. El pobre, el trabajador, el obrero, el pequeño empresario que ve cómo la vida se le escapa de las manos. Y nosotros ¿qué hacemos? nos cabreamos, nos enfadamos entre nosotros, nos encabronamos, nos empobrecemos y luego vamos y les votamos otra vez, aceptando que nos ha tocado vivir en un mundo que ellos han creado para su uso y disfrute a nuestra costa.

Yo me enfado enormemente cuando veo a mi alrededor tanta cobardía, tanta insensibilidad, tanto miedo, tanta insolidaridad, tanta ceguera. El mundo es de todos, y todos deberíamos poder disfrutarlo. Nosotros, somos mayoría, y, estando unidos, nadie sería capaz de pararnos. En lugar de eso, nos peleamos y nos escondemos. Si vemos que putean al de al lado, nos vamos a otro sitio para que no nos vean y no nos puteen, en lugar de luchar junto con él contra el poderoso que se aprovecha.

Algo ha salido mal. Todo está mal repartido. Vivimos en un mundo injusto. Un mundo que premia al egoista y ambicioso y condena al justo y solidario. Como dijo hace poco un célebre presentador de tv, esta guerra la han ganado los malos. Vivimos en lo que viene siendo un mundo de mierda... ¿cómo lo solucionamos? con la desunión, la insolidaridad, el peloteo y el miedo.

¡¡¡olé nuestros "huevos" molineros!!!

La vida estropeada

La vida estropeada

Este es uno de esos momentos en los que te lanzas ante el folio en blanco sin saber muy bien que contar...

Miras a tu alrededor y observas trabajo, indiferencia, prisas, odio, rabia, vergüenza, cháchara. Miras al frente y ves un papel en blanco figurado que te observa y espera pacientemente a que le manches. Miras atrás y no ves nada a no ser que seas un buho o una lechuza.

Todo funciona siempre igual. Sin embargo, yo noto en mi que no todo funciona siempre igual. Algo no cuadra. Esa sensación perenne de que algo podría ir mejor de lo que va no me abandona un solo segundo.

¿la inspiración? ¿las musas? ¿el amor? ¿la amistad? ¿el dinero? ¿la familia? ¡qué coño funciona mal en mi puta cabeza! No consigo descubrirlo, pero si empiezo a pensar que vivo en un mundo que cada vez me gusta menos. La independencia, la soledad, la lejanía y distancia de otros seres humanos que tenemos cerca en lo físico y a kilómetros en los espiritual.

Estamos construyendo un mundo de mierda. El estado natural de las cosas es que el fuerte domina al débil, o eso al menos parece que propugna la naturaleza. Pero yo creo que en este mundo hay mucha gente no preparada para gobernar, gente débil que está dominando al fuerte. Y el fuerte está dormido... y no se despierta...

Rumbos

¿Qué hacemos cuando perdemos el rumbo? Si fuésemos un barco que navega en una dirección, nos basaríamos en nuestros instrumentos, brújula, timón, cuaderno de bitácora... Ahora bien, si nos encontramos con una tormenta que nos destroza todo, ¿Cómo seremos capaces de redireccionar nuestra ruta?

Yo creo que la vida es algo muy parecido. De vez en cuando encontramos tormetas, lluvias o tsunamis que hacen que perdamos el rumbo en mayor o menor medida. ¿La diferencia? nosotros no somos barcos, por lo que será bastante más difícil reencontrarse con el camino que creemos correcto.

¿Se puede solucionar esto? hombre, pues tiene una solución muy sencilla. Si sabemos hacia donde queremos ir, no resultará retomar el rumbo siguiendo las pequeñas pistas que la vida va dejando para nosotros. Si no tenemos clara la dirección, la única respuestas es dejarse llevar por la marea, y ver donde acabamos.

¿Qué problema tiene esto? que no nos guste el destino al que nos han llevado las corrientes. Automáticamente nos volvemos a alta mar y seguimos nuestro rumbo. Lo curioso de esto es que siempre encontraremos lugares bonitos, feos o desagradables. Viviremos muchas vidas en una, todas apasionantes, aburridas o de locos, y todas serán nuestras vidas. Nadie nos asegura que nos vayan a gustar nuestros destinos, pero serán nuestros destinos que conformarán nuestra personalidad y vivencias.

Al fin y al cabo, ¿quién te asegura que te va a gustar la dirección hacia la que tu crees que debes dirigirte?

Vivir en la ignorancia

Vivir en la ignorancia

Ayer escuché a un presentador de televisión decir que la guerra la han ganado los malos. Cuando se refería a malos, se refería a la gente que nos gobierna.

¿Es cierto que estamos gobernados por mala gente? No sabría decir. Lo que si sabría decir es que buena gente no son.

Los intereses mueven el mundo. Siempre queremos más. Cuanto más tenemos, y más barato nos sale, mejor. Nuestra ambición no tiene límites. Está comprobado que el ser humano tiene una capacidad de innata para ser corrompido. Es fácil quebrantar nuestra voluntad, caer en lo fácil y dejarnos llevar por la vida cómoda.

Si embargo, a veces encuentras ejemplos de seres humanos capaz de entregar todo por un bien común. Gente con una conciencia a prueba de bombas y un sentido de la justicia social y humana que pone los pelos de punta.

Por desgracia, hay menos gente buena y justa que ambiciosa y pesetera... ¿Seguimos manteniendo nuestra fe en la raza humana? Yo no se que creer, pero casi que no me fio de nadie, la verdad...

¿qué fue de Mary Lavrinovich?

¿qué fue de Mary Lavrinovich?

Imaginaos que sois una gran persona. Sois buena gente, tenéis una familia que os quiere, amigos a los que apreciáis y os aprecian. Tenéis un buen trabajo para el que tenéis un talento innato. Os estáis haciendo una bonita casa porque en breve estaréis casados con vuestra pareja de toda la vida, que también es una persona apreciable...Sois guapos y guapas y con éxito social.

Hasta aquí, todo perfecto. De hecho, es el sueño de muchos y la vida de pocos... pero... yo me pregunto, ¿realmente esto es posible? Debo ser un tipo muy avinagrado, pues, cuando veo gente así, mi tendencia natural e innata camina hacia la desconfianza.

¿es realmente posible una vida así? ¿está diseñado el ser humano para llevar tal grado de perfección y felicidad? o bien debemos preguntarnos ¿qué hay debajo de ese fachada? ¿realmente esas personas viven la vida que quieren, con tal grado de aceptación social y estabilidad emocional? ¿qué vida es esa? ¿es la vida que esas personas quieren vivir, o es la vida que su entorno quieren que viva?

Me reitero en mi teoría. Conociendo ciertos recovecos del ser humano, y no conozco a nadie que no los tenga, mi tendencia natural hacia tal alarde de perfecta felicidad es la más absoluta desconfianza.

On the rocks

On the rocks

¿vivimos realmente la vida que queremos vivir? El mirar dentro de uno a ver que encuentra no es un ejercicio sencillo. Cuanto más profundicemos, más cosas que no nos gustan podemos encontrar. Siempre se pueden cambiar, pero mutar uno mismo su propia forma de ser no es un ejercicio fácil.

Somos como somos, eso está claro. Ahora bien, tratando de responder a mi pregunta inicial, ¿realmente somos como somos? ¿actuamos según nuestros dictados? ¿funcionamos según nuestra personalidad? ¿decimos lo que nos sale del alma?

Pienso, que en una gran mayoría de casos, somos víctimas de la sociedad que nos toca vivir. Somos presas de nuestro entorno. Vivimos según los dictados de nuestras compañías.

Esto no implica necesariamente que  hagamos lo que los demás quieren que hagamos. Pero sí que acabamos actuando en cierto modo como nuestro entorno espera que actuemos.

Matrimonios, hijos, trabajos... todo nos viene marcado por nuestro entorno más cercano. Familia y amigos son un ancla gigante que nos marca donde estamos varados y nos da o recoge cadena según se nos permita más o menos movimiento en según que casos y circunstancias.

¿Quiere esto decir que debemos prescindir de los elementos sociabilizadores? En absoluto, quiere esto decir que tenemos que ser lo suficientemente valientes y sinceros para encontrar en nosotros mismos quienes somos nosotros mismos... nos guste o no nos guste lo que veamos...

Y luego, qué... luego, actuamos en consecuencia.

Amor crepuscular

Amor crepuscular

Recientemente me han recordado lo que para mi es una de las sensaciones más bonitas que se pueden vivir. Yo le llamo amor crepuscular.

¿a qué me refiero con esto? Bueno, si tienes más de treinta años y has vivido alguna que otra tormenta pasional o relación amorosa, tu corazón tendrá tantas cicatrices como el mío.

El tiempo pasa, eso es una constante inamovible. El tiempo cura todo. Pero, el tiempo no puede hacer que las cicatrices desaparezcan, y eso, nos marca profundamente.

Al final, después de tanto vaivén emocional, tu mente y corazón buscan el reposo del guerrero. Un merecido descanso que sirve como preludio a la siguiente tormenta.

No obstante, llega un momento en la vida en la que muchos decimos: ¡basta ya! No estoy para más guerras, batallas o escaramuzas. Necesito estabilidad y tranquilidad. Necesito vivir un pequeño remanso de paz. Bajar del tiovivo, tomar aire, hacer de tripas corazón y recuperar fuerzas antes de volver a subirme a la atracción.

Así pues, hay veces que la vida nos prepara curisosas sorpresas,  y, donde menos te lo esperas, aparece esa persona, ese ser humano que hace que todos tus convencimientos y seguridades se vayan por el retrete.

Te dices una y otra vez: ten cuidado no te vayan a hacer daño. Ve con pies de plomo, no te fíes... pero te fías.

Y es que no se puede evitar, en el ocaso emocional de nuestras vidas, cuando queremos estar tranquilos, sin sobresaltos, en reposo a excepción de alguna aventura ocasional, no podemos evitar que todos nuestros convencionalismos sociales en torno a una relación de pareja se vayan al garete por culpa de ese ser que posee un brillo especial.

Ese ser no tiene fallos. Es cariñoso, tiene un brillo especial en los ojos, es atento, protector... no te puedes fiar, pero te fias. No quieres caer, pero caes. No quieres sufrir, pero estás dispuesto a todo.

No se puede evitar, el corazón y el cerebro viven vidas diferentes. No se puede controlar. Aunque el cerebro diga ten cuidado, el corazón dice vívelo y disfrútalo.

Eso si, recuerda siempre que todo es perecedero. Y el amor también. Lo que no sabes es quien va a durar más, si tu pasión por una persona, o tú mismo.

Lo bueno del amor crepuscular es que dure lo que dure, haga el daño que haga, siempre deja un regusto dulce en una época amarga.

El barco de las habas

El barco de las habas

¿por qué unos tanto y otros tampoco? ¿por qué nos obligamos a vivir ciertos estados mentales inestables aún teniendo todo lo necesario’ si no tuviésemos qué comer, ¿estaríamos más tranquilos mentalmente’ nuestra única preocupación sería aliementarnos, obviamente. Si no tuviésemos qué beber, querríamos agua o algo líquido... pero, teniendo todo esto cubierto, ¿cúal es nuestra preocupación real? ¿mantener el trabajo? ¿cuidar de la familia? ¿proteger nuestros bienes?

Nos rodeamos de necesidades y responsabilidades "necesarias". Pero, ¿necesarias por qué? Vivimos en una sociedad que nos obliga a que esto sea nuestra prioridad. Nos falta tiempo para nosotros porque lo tenemos todo empleado en lo que nos rodea. Familia, amigos, trabajo, comer, dormir... no hay forma de crear una personalidad propia entre tanto compromiso. No hay forma de ser uno mismo entre tanta sociabilidad.

Podríamos tener una vida fácil, pero nuestra vida no es nada sencilla. Siempre nos quedará la posibilidad de mirar a otro lado y decirnos y convencernos de que al menos, no pasamos hambre.

Ternura desacertada

Ternura desacertada

Hola de nuevo. Hace tiempo que no paso por aquí. Creo que le tengo miedo a este blog. Hace que me vea como soy, y eso, no siempre es agradable.

No obstante, me he dado cuenta, una vez más, que el mundo sigue girando. Esto puede ser mareante, pero hay que tener clara una cosa, no te puedes bajar.

Estos tiovivos emocionales que somos los seres humanos estamos subidos en una atracción de feria que gira y gira sin parar. Pero, al contrario que en el parque, de esta no te puedes bajar.

Si no sigues el ritmo, estás muerto. Y el ritmo es cada día más veloz, asfixiante y competitivo.

Estamos creando un mundo lleno de gente, en el que cada día que pasa, estamos un poquito más solos. El trabajo, las relaciones, las amistades... todo parece una puñetera carrera donde debe ganar el que antes llegue, por los medios que sea, y no el mejor.

¿alguna solución? yo, de momento, tengo un perro. Un animal fiel a su ritmo de vida de sueño y comida, y fiel a mi, que no es poco.

Y la nave va

Y la nave va

Nunca debes bajarte del mundo. El mundo nunca se para. El mundo es algo gigante, etéreo, que arrastra todo y a todos. Si le sigues el ritmo, puedes llegar hasta a tener lejanos detalles de lo que es el amor, la felicidad o la diversión. Pero si te paras... Si te paras, nadie ni nada te espera. El mundo te absorberá, te pasará por encima, te dejará relegado, y nada ni nadie podrá ayudarte para volver a alcancarle.

El mundo es un monstruo grande que no se apiada de nadie ni nada. El ritmo que impone es infernal. Seguir subido a él puede llegar a suponer un esfuerzo tremendo. Pero, con algo de suerte, tendrás momentos en los que tu lucha por seguir navegando sobre el mundo habrán merecido la pena

Ondas en la mar

Ondas en la mar

No se que decir... es curioso... tienes labia y eres un tipo hablador... y, aún así, hay momentos en la vida en los que te quedas sin palabras.

No es fácil ser un tipo de verbo fácil y no ser capaz de encontrar una palabra adecuada. De repente, la verborrea desaparace y los canales de comunicación, antes claros y diáfanos, ahora difuminados y extraños.

La vida es así. A veces estás arriba, a veces estás abajo. Pero hay una cosa clara, cuando ya no puedes estar más abajo, cuando crees que ya no puede entrar más mierda en tu boca por lo hundido en el fango que estás, cuando ya no se puede caer más, piensa que sólo hay una dirección en la que ir, hacia arriba.

Roto

Roto

¿qué es lo correcto? ¿cómo sabemos que estamos haciendo lo que debemos hacer? ¿Hay que hacer siempre lo que sabemos que es lo que tenemos que hacer aunque nos duela?

Luchar contra uno mismo es extremadamente complicado. Somos animales. Hemos perdido muchos instintos, pero seguimos siendo animales. Si eres como eres y pretendes pelear contra tí mismo, tienes que tener una fuerza de voluntad ciclópea para poder superarte.

Yo me he superado a mi mismo. Intenté cambiar. Puse mucho de mi parte. Me esforcé sinceramente. Pero, aunque la tortuga ayude al escorpión a cruzar el río, el escorpión siempre tenderá a picarla. El escorpión es así, y no puede cambiar.

Así pienso yo ahora mismo. Estoy tomando las decisiones más difíciles de mi vida. Estoy roto y vacío por dentro. Creo que estoy haciendo lo que debo, pero no veas como duele.

Y es que, la vida puede ser maravillosa, pero, también puede ser una puta montaña de mierda.

Música para mis oidos

Música para mis oidos

¿nunca has pensado qué música te gustaría escuchar mientras mueres? Es una pregunta algo macabra, pero invita a muchas reflexiones. Nuestros gustos dicen mucho de nosotros. El cine que te gusta, los libros que disfrutas, la música que te hace volar... pero, ¿cuál es esa última melodía que desearías oir, escuchar, tararear o recordar en el último soplo de tu vida?

Yo lo tengo claro, el 'adagio para violín' de Samuel Barber. Me parece una de las composiciones más tristes, melancólicas, bellas e inspiradoras que conozco.

Ya la usó David Lynch para la muerte de su hombre elefante, y Oliver Stone para su retrato de una cruel guerra.

Una melodía que invita a morir en soledad, triste, melancólico... eso dice mucho de cómo soy yo... pero, al escucharla, moriría con una sonrisa en mi cara... eso también dice mucho de cómo soy yo... ¿cómo eres tú?

Aguas procelosas

Aguas procelosas

A veces crees que estás en la cresta de la ola. Vas sobre tu tabla, surfeando sobre gigantes moles de agua, y piensas que nada ni nadie te puede tumbar.

Otras veces, tu tabla no es tan buena como crees, o tu no eres capaz de surfear con un mínimo de garantías. Esto hace que las aguas te traguen, te engullan, y no seas capaz de ver o discernir como volverás a salir a flote.

También puedes navegar. Vas en tu barquito, o barcazo, o barcaza... Las aguas están tranquilas, el sol brilla en el cielo, y disfrutas de un paisaje hermoso... pero, de repente, las nubes cubre tu techo natural, el mar, antes calmado y fiel amante, se convierte en fiero animal salvaje que sólo tiene un deseo en su mente, hacerte naufragar.

Pues, eso, básicamente, es el mundo. bajo el mar, no ves la salida del tunel. Sobre él, todo parece fácil y apacible.

Mi mar, hoy por hoy, es una gigantesca tormenta que no parece querer amainar. Se que llegará la calma, pero no se cuando... y, puede ser que cuando llegue, mi barca o tabla esté tan dañada, que ya no sea capaz de flotar, aunque no apostaría demasiado por ello.

¿y tú? ¿qué tal está tu barco? ¿sobre qué aguas navegas? ¿te lo has preguntado alguna vez?

La puerta trasera

La puerta trasera

Sigo con mi mundo recalentado. Cuanto peor veo todo, peor me encuentro yo. Es penoso. Hacía tiempo que nada afectaba tanto mi mente y corazón como el desasosiego que ahora siento.

El mundo está patas arriba. Mi mundo está patas arriba. De momento, no puedo hacer nada. No quiero hacer nada. Asisto a la revolución cual espectador de excepción, invitado especial. Se que cualquier paso en falso puede ser fatal, o vital, pero, aún así, no me atrevo a tomar una decisión. Espero y espero que algo o alguien toque la tecla que me permita avanzar en cualquier dirección, pero, de momento, la quietud es la única respuesta.

Da igual lo que diga, o haga, o deje de hacer. Cuando estás de culo y atravesado, raro es dar con la nota adecuada. No se si la pasividad es la mejor solución, pero, de momento, es la única que acepto o acato.

Todo está jodido, muy jodido. Vivimos en un mundo muy jodido. Durante mucho tiempo, he asistido a la jodienda de este mundo como una especie de fugitivo de sus putadas. Pero, ahora, eso se acabó, al menos, de momento...

Cosas que dejé atrás

¿qué está pasando? la desazón me come por dentro. Cuando crees que lo tienes claro, siempre hay alguién que te plantea nuevas y jodidas preguntas. Conoces la dirección en la que diriges tu vida. Tienes tu presente, tus metas e ilusiones. Pero siempre que hace un bonito día, viene alguien y lo jode.
Vivo una diarrea vital que me tiene totalmente confuso. Se que saldré adelante reforzado y con ganas de vivir. Esto siempre pasa y siempre pasará. A mi, y hasta al Tato... pero... ¿a qué precio? ¿cuanto de nuestra vida nos dejamos en cada encrucijada moral y vital que sufrimos? ¿un jirón de piel? ¿una pierna?
No se si la pérdida es física, o más bien metafísica. Lo que está claro, es que un trocito del alma queda siempre en el camino... ¿cuánta alma nos queda para los problemas venideros? que gran pregunta...

El patinazo del futuro

La cosa sigue igual de mal que siempre. La cabeza no deja de dar vueltas. ¿cómo es posible que siempre queramos lo que no tenemos? ¿de dónde sale este insoportable inconformismo del ser humano?

La cosa es como sigue: ¿qué es mejor? ¿estar equilibrado y cabal, aunque no sea el estado natural de las cosas? ¿o bien estar desequilibrado y descascarillado por dentro, el estado natural que te ha tocado en suerte (o mala suerte)?

Dios, decisiones, decisiones, decisiones... la vida es una decisión tras otra. Acumulas infinidad de ellas poco importantes, no las piensas, no le das vueltas, tan solo las tomas y punto... y, de pronto, te encuentras ante una encrucijada moral, vital, emocional... un encrucijada de la cual, va a depender tu futuro más inmediato, y por extensión, también el futuro lejano... Piénsatelo.